GARANTIAS
PROCESALES EN EL PROCESO AL ADOLESCENTE INFRACTOR
1.-Generalidades
La
política del Estado en torno al problema de las conductas infractoras de los
adolescentes no puede ser exclusivamente represiva. Hoy es de casi unánime
aceptación que se requiere de una política social integral y, de ser necesario
como ultima ratio legis, dentro de
ella, de una política criminal que pueda detener el avance de las infracciones a la ley
penal cometidos por
adolescentes.
Es
evidente que en materia de niños, los países de América Latina no pueden
desistir del Estado y por lo tanto de sus instrumentos de control social, esto porque como bien
señalan muchos juristas y analistas
políticos cualquier realización colectiva en nuestras sociedades tiene como eje
al Estado. A lo sumo, lo que es exigible de éste es una presencia máxima en lo
relativo a la promoción social y una presencia mínima en lo relativo al uso de
la coerción.
Desde
esta perspectiva se han dado pasos trascendentales, con el repliegue del sistema
tutelar-punitivo que las legislaciones sobre menores establecieron durante más
de cincuenta años, ya que con la
promulgación en 1989 de la Convención Sobre los Derechos del Niño, aprobada por
el Perú el 3 de Agosto de 1990,
mediante Resolución Legislativa N°
25278, se revierte el modelo
proteccionista y lo sustituye por uno garantista en el cual el niño pasa a ser
sujeto de derechos y deja de ser objeto pasivo de tutela.
Al
adherirse a las posiciones garantistas,
la Convención distingue con precisión dos ámbitos al establecer
tratamientos distintos a los
niños que se encuentran en abandono
con los que transgreden las normas penales[1], separando claramente la aplicación
de una política social o política criminal respectivamente, por lo que se prevée
medidas socio-educativas que se gradúan judicialmente de acuerdo al grado y
carácter de la ofensa, recurriendo a la medida privativa de libertad sólo para las
transgresiones de extrema gravedad.
La
imposición judicial de las medidas es uno de los requisitos más importantes de
la Convención Sobre los Derechos
del Niño: el establecimiento o comprobación de la responsabilidad del niño debe ser determinada a través de un
proceso circundado de todas las garantías del Derecho penal sustantivo y
adjetivo. Además de éstas, el proceso a los adolescentes infractores debe llevarse a cabo dentro
del marco de todos los principios
contenidos en el principio del debido proceso.
El
presente artículo tiene por cometido señalar las principales garantías
procesales que deben respetarse en la investigación y juzgamiento de los
adolescentes infractores.
2.- El
Código de los Niños y Adolescentes y las garantías en la investigación y
juzgamiento del adolescente infractor
La Ley 27337
publicada el 7 de Agosto del 2000, que puso en vigencia el Nuevo Código de los
Niños y Adolescentes (C.N.A.) evidencia una tendencia a incorporar los
principios que rigen en la Doctrina Moderna de Protección Integral al
adolescente Infractor contenidos en la Convención sobre los Derechos del Niño[2],
tales como la prohibición de su detención arbitraria o ilegal, acceso a la
asistencia jurídica, celeridad procesal y acceso a la doble instancia[3].
Sin embargo,
las normas procesales para el adolescente infractor (que comprende a las
personas entre los 12 hasta antes de cumplir los 18 años de edad) carecen de
especificaciones concretas, cuyos vacíos son cubiertos con la aplicación
supletoria del Código de Procedimientos Penales o los artículos vigentes del
Código Procesal Penal. Así lo
establece el artículo 192 del C.N.A. que dispone que en los procesos judiciales
que se sigan a los adolescentes infractores se respetarán las garantías de la
administración de justicia consagrados en la Constitución Política del Estado,
la Convención sobre los Derechos del Niño y las leyes vigentes de la
materia. A continuación el detalle
de las respectivas Garantías Procesales:
a) Principio
de jurisdiccionalidad y especialidad
El Código de
los Niños y adolescentes contempla la existencia de una justicia especializada a
cargo de los Juzgados de Paz Letrados, Juzgados Especializados, Las Salas de
Familia y la Corte Suprema (art. 133) y dentro de las funciones del Juez de
Familia está el Juzgar a los adolescentes infractores, decidir la procedencia de
la acusación, la aplicación de medidas provisionales y resolver la situación
jurídica del adolescente aplicando una medida socio-educativa o
absolviéndolo. Esta especialización
también es para los fiscales de Familia, que en los procesos que se siguen a los adolescentes
infractores se constituye por mandato legal en el titular de la acción teniendo
la carga de la prueba, conociendo
de manera exclusiva los
asuntos relacionados a los niños y adolescentes; extendiéndose la especialización a
los abogados de Oficio. y en la parte administrativa, se han conformado órganos
auxiliares, como el Equipo Multidisciplinario, la Policía Especializada, La
Policía de Apoyo a la Justicia, el Servicio Médico Legal y el Registro de
Adolescentes Infractores (artículos 149 al 159 del
C.N.A.).
En lo que
respecta a la participación de una policía especializada, consideramos que esta
disposición es absolutamente indispensable; ello por constituir la Policía Nacional,
una institución vigilante del orden
público, y por ende factor
inminente de control social, y en
especial la policía técnica
judicial como auxiliar de la Administración de Justicia, en razón de lo cual, una Policía
especializada en los Derechos del Niño y del Adolescente, u derechos
humanos con la dirección en las
investigaciones de las conductas de los adolescentes
considerados como infracción a la ley penal, por el Fiscal de Familia,
mantendrá vigente el principio
protector tuitivo y educativo que rige la doctrina y la legislación de
los niños y adolescentes, evitándose así que pudiera originarse de parte del funcionario policial, un procedimiento investigatorio arbitrario que produzca
en el adolescente trauma psíquico o tensiones emocionales, al verse privado de
su libertad o limitado en el ejercicio de sus derechos
fundamentales.
Los efectos
de la intervención de una policía no especializada sobre los menores infractores
han sido estudiados por Gendreau, llegando a importantes conclusiones con
respecto a la influencia que la detención, el interrogatorio y el arresto tienen
sobre la génesis de la delincuencia y la resocialización de estos menores.[4]
Las
condiciones en que se efectúa la detención preventiva de los menores, acarrea la
mayoría de las veces consecuencias nefastas que van desde la promiscuidad y la
identificación con los criminales, hasta la constatación por los menores
detenidos del comportamiento del policía con los demás delincuentes o los
policías entre sí.[5]
Los
principios de jurisdiccionalidad y especialidad tienen estrecha relación con el
principio de legalidad en el proceso seguido contra los adolescentes
infractores. Esto porque tratándose del proceso a los adolescentes, se deben
cumplir tres exigencias fundamentales: a) Que el proceso sea realizado por un
Juez competente: Esa competencia está fijada en el C.N.A. a través de dos
factores: 1) Por la naturaleza de la infracción. Según el grado de la infracción
se señala el destino que seguirá el juzgamiento del adolescente: 2) Por el lugar
en que se cometió la infracción. Se respeta aquí la división territorial fijada
en desarrollo del principio del Juez natural.
La
competencia es, entonces, un aspecto esencial en la legalidad del proceso, como
que es el presupuesto de validez de la actividad judicial, ligado íntimamente
con el derecho fundamental al Juez natural. Su fijación es exclusiva de la ley
en forma expresa, sin que pueda ser legítima competencia alguna por analogía.[6]
b) Que la
razón de la iniciación y del impulso procesal sea un motivo previamente señalado
en la ley. Esta exigencia tiene su fundamento en el principio universal de
legalidad, que, en este caso, hace referencia a la conducta infractora del
adolescente.
Les está
vedado a los jueces iniciar proceso a los adolescentes por un hecho que
previamente a su ocurrencia no tenga el carácter de delito o falta. He ahí el
motivo y la razón de ser de la investigación previa del Fiscal que prevé el
C.N.A. y cuyo incumplimiento podría originar un delito de abuso de
autoridad.
c) Que el
Juez, el Fiscal y los sujetos de la relación procesal procedan con la observancia de la
plenitud de las formas propias de cada juicio. En este caso, ninguno de los
protagonistas en el proceso al adolescente infractor debe salirse del cauce de
la ley. A este requisito es al que propiamente se le denomina el debido proceso.
b) Principio
de inmediación
El Juez
especializado debe mantener contacto y comunicación constante con el adolescente y las otras personas que intervienen en
el proceso. La manera de estas comunicaciones
pueden ser tanto orales como escritas, pero deben quedar asentadas en el
expediente. El propósito de este principio es establecer una relación inmediata
entre el Juez especializado y el adolescente que ante él comparece.
c) Principio
del contradictorio
Al definirse
los roles diferenciados del Juez, Fiscal, y del Abogado defensor del adolescente
infractor, siendo distintos los órganos de acusación y de juzgamiento. La primera función corresponde al Fiscal
y la segunda al Juez, y al establecer el artículo 192 del C.N.A. que deben
respetarse las garantías de la administración de justicia consagradas en la
Constitución Política del Estado, que protege derechos como la comunicación e
información de los cargos que se imputan al adolescente infractor, el derecho a
ser oído (artículo 203 C.N.A.); de actuar sus pruebas de descargo y de
autodefenderse (artículo 212 C.N.A.).
d) Principio
de inviolabilidad de la defensa
Este
principio puede afectarse en diferentes estadios del proceso por lo que el
C.N.A. consagra el derecho de asistencia profesional (que es la defensa
técnica), el de presentar pruebas (se aducen pruebas para la defensa), el de
controvertir las presentadas por la contraparte (el derecho de contradicción es
para la defensa, porque se refuta sólo lo que afecta) y el de impugnación (se
protesta tan sólo la decisión adversa).
El C.N.A.
establece en su art. 148 que ningún adolescente podrá ser procesado sin
asesoramiento legal, y en caso de ausencia del defensor el Juez deberá nombrar
un sustituto provisionalmente, dentro de los abogados de Oficio o cualquier
abogado en ejercicio. Por su parte
el artículo 200 del anotado Código autoriza la detención del adolescente sólo
por mandato judicial o en flagrante infracción y prescribe la presencia
obligatoria en todas las diligencias del Fiscal y del defensor. Se prohíbe, además, de manera expresa la
reformatio in peius, es decir de la
reforma peyorativa de la sentencia apelada (artículo 219 C.N.A.) por lo cual en
ningún caso la sentencia apelada podrá ser reformada en perjuicio del
adolescente; Además, el citado artículo establece la obligatoriedad de que la
sentencia que impone la medida de
internamiento debe ser leída al adolescente no bastando la sola
notificación, garantizándose uno de los aspectos del derecho de defensa, de no
ser sentenciado en ausencia, cuando va a ser privado de su
libertad.
e) Principio de motivación de las resoluciones jurisdiccionales y de presunción de inocencia
El artículo
209 del C.N.A. en relación al internamiento preventivo, señala que
este debe ser debidamente motivado, y sólo puede decretarse en tanto exista:
prueba suficiente (Elemento probatorio que vinculen al adolescente como autor o
partícipe de la comisión de la infracción), peligro procesal (tanto por el
riesgo razonable que el adolescente eluda el proceso que se le sigue o el temor
fundado de la destrucción u obstaculización de las
pruebas).
En cuanto al
principio de inocencia, éste se respetará siempre y cuando se establezca la
responsabilidad del adolescente
sólo por la conducta realizada, de manera que no se le podrá efectuar
ningún tipo de estudio exploratorio ni a éste ni a su familia antes de comprobar
su responsabilidad en los hechos, para estar de acuerdo con la Convención l
sobre los Derechos del Niño en lo relativo al respeto de la dignidad y de la
vida privada del adolescente en todas las fases del
proceso.
Sólo después
de que la responsabilidad ha sido establecida, se estudiará al menor y a su familia con el único objeto de
tomar las medidas de “seguimiento” en libertad o de “seguimiento” en una
institución especializada.[7]
f) Principio
de impugnación
La apelación
del mandato judicial de internamiento (art. 210 C.N.A.) y lo prescrito en el
art. 186 del C.N.A. en concordancia con lo establecido en el artículo 37, inc.
d) de la Convención sobre los Derechos del Niño, que faculta al Adolescente a
impugnar la orden que lo ha privado de su libertad y a ejercer la acción de
Hábeas Corpus, garantiza el principio de impugnación, tal como también se aprecia en
el artículo 219 del C.N.A. que dispone que el adolescente, sus padres o el
responsable, el Abogado defensor, la parte agraviada y el Fiscal, pueden también
apelar la sentencia y tal como se ha referido en ningún caso la sentencia
apelada podrá ser reformada en perjuicio del apelante (reforma peyorativa) y en
cuanto a la parte agraviada sólo podrá apelar la reparación civil o la
absolución del adolescente, pero no la medida socioeducativa impuesta.
El derecho
de impugnación es un desarrollo que hace el procedimiento legal en guarda del
derecho de defensa, y está ligado estrechamente con el acto de la notificación.
Su desconocimiento, entonces, no afecta solamente el derecho de defensa, sino
principalmente el derecho fundamental del debido proceso. Como indica Páez
Velandia, debe tenerse en cuenta que éste condiciona el derecho a la impugnación
a que sea ésta debidamente sustentada, es decir, a que se exprese breve pero
claramente cuál es la inconformidad con lo decidido, y qué es lo que quiere la
parte inconforme que el superior inmediato de su Juez natural revise. De manera
que la omisión de este deber, deja sin efecto la impugnación, sin que sea válido
afirmar abstractamente en este evento un desconocimiento del derecho de defensa,
y menos aún, quebranto al debido proceso.[8]
g) Principio
de legalidad del proceso
Cabe agregar
que en relación al principio de legalidad del proceso; el artículo 189 del
C.N.A. establece que ningún adolescente podrá ser procesado ni sancionado por
acto u omisión que al tiempo de cometerse no esté previamente calificado en las
leyes penales de manera expresa e inequívoca como infracción punible, ni
sancionado con medida socioeducativa que no esté prevista en el Código de los
Niños y Adolescentes.
En buena
cuenta, el Juez está obligado a observar una triple exigencia: 1) La de lex praevia, que implica la prohibición
de aplicar retroactivamente leyes desfavorables al adolescente infractor; La de
lex scripta, excluyente de la
posibilidad de que el Juez acuda a la costumbre como fuente de derecho para la
creación de delitos (en este caso infracciones) y de penas (medidas
socioeducativas), y 3) La de lex
stricta, que al demandar precisión en la redacción del tipo penal, en el
señalamiento de la pena (medida socioeducativa) y en la fijación de la
competencia, impide al Juez la aplicación de la ley por analogía.
h) Principio de publicidad del
proceso
En nuestra
legislación, la publicidad del proceso, entendida como la posibilidad de acceso
a los actuados judiciales por los sujetos procesales, no se encuentra,
expresamente contenido en el Código de los Niños y Adolescentes, empero se
aplicará dicho principio de forma extensiva al proceso iniciado al adolescente
infractor.
i) Principio
de confidencialidad y reserva del proceso
El artículo
190 del C.N.A. plasma el Principio de confidencialidad y reserva del proceso,
indicando que los datos sobre los hechos cometidos por los adolescentes
infractores sometidos a proceso son confidenciales, debiendo respetarse en todo
momento el derecho a la imagen e identidad del adolescente. En tal sentido, el proceso es reservado;
y al definir el art. 159 del C.N.A. el Registro del adolescente infractor,
indica que la anotación de las medidas socioeducativas aplicadas a los
adolescentes deben realizarse de manera confidencial.
Estas disposiciones guardan armonía con las Reglas
de Beijing Nº 8. El carácter secreto de las actuaciones en esta materia puede
enunciarse en el sentido de la total prohibición de publicar o revelar cualquier
información como consecuencia del deber de protección moral o intelectual, que
respecto a los menores de edad se impone el Estado.[9]
j)
Manifestaciones del Principio de oportunidad y del principio de intervención
mínima. Posibilidad de cierre del expediente sin adopción de medida
judicial.
Los Convenios Internacionales suscritos por el Perú
ponen de manifiesto la necesidad de buscar una solución extrajudicial a los
problemas que suscita la realización de injustos penales por menores de edad. En
este sentido, las Reglas Mínimas de las Naciones Unidas para la Administración
de la Justicia de Menores (Reglas de Beijing) en su artículo 11, establecen la
posibilidad, cuando proceda, de ocuparse de los menores infractores sin recurrir
a las autoridades competentes (...) para que los juzguen oficialmente, señalando
la posibilidad de que tal solución pueda ser adoptada por autoridades no
jurisdiccionales “sin necesidad de vista oficial”.
En armonía con estas disposiciones, el C.N.A. en su
artículo 204º y 206º establece la posibilidad de que el Fiscal disponga la
Remisión cuando se trate de infracción a la Ley penal que no revista gravedad y
el adolescente y sus padres o responsables se comprometen a seguir programas de
orientación supervisados por el PROMUDEH (MIMDES) o las instituciones
autorizadas por éste y, si fuera el caso, procurará el resarcimiento del daño a
quien hubiere sido perjudicado.
En la misma línea, la Recomendación 20 del Comité de
Ministros del Consejo de Europa, R 20-(87), insta a los gobiernos de los Estados
Miembros a revisar su legislación y su práctica con miras a una
desjudicialización y de mediación a nivel del órgano de prosecución”, y el
artículo 40.3 de la Convención de los Derechos del Niño, que obliga a los
Estados Miembros a examinar, “siempre que fuera apropiado, la conveniencia de
tratar a esos niños sin recurrir a procedimientos judiciales, respetando
plenamente los derechos humanos y las salvaguardas
jurídicas”.
Un ejemplo de la introducción del principio o uso de
los criterios de oportunidad en el tratamiento de la delincuencia juvenil en los
países europeos, es la legislación española sobre la materia (Ley Orgánica
5/2000, reguladora de la Responsabilidad Penal del Menor, publicada en el BOE
núm. 11, de 13-01-2000). Conforme a la legislación hispana se diferencian
diversos supuestos como manifestaciones del principio de oportunidad y de
intervención mínima, distinguiendo:
1.
Desistimiento de la incoación del expediente.
No cabe duda de que el artículo 18 de la Ley
introduce el principio de oportunidad reglada, y posibilita que no se incoe
expediente cuando concurran los siguientes requisitos:
a)
Que los hechos
denunciados constituyan delitos menos graves sin violencia o intimidación en las
personas o faltas.
b)
Que la menor no haya
cometido con anterioridad hechos de la misma naturaleza, sin perjuicio, en caso,
de que, a propuesta del equipo técnico, conforme establece el artículo 27.4,
pueda acordarse el archivo del expediente.
En cualquier caso, el Fiscal deberá dar traslado de
lo actuado a la entidad pública para que promueva lo procedente en orden a la
protección del menor. Asimismo
deberá tramitar la correspondiente pieza de responsabilidad
civil.
2. La conciliación o
la reparación durante la instrucción.
La experiencia en la aplicación de la ley 4/1992, de
5 de Junio, supone un punto de partida importante para la aplicación del
artículo 19, que en su párrafo segundo define la conciliación y la reparación, y
en su párrafo primero establece los requisitos para que pueda llevarse a cabo,
que son:
a)
Que el delito no sea
grave, lo que puede deducirse de la expresión recogida en el párrafo primero del
artículo 19, que ordena que se atienda a “la gravedad y circunstancias de los
hechos”.
La Ley añade un párrafo que disipa las dudas
interpretativas que se pudieran suscitar con la redacción del proyecto, al
señalar: “El desistimiento en la
continuación del expediente sólo será posible, cuando el hecho imputado al menor
constituya delito menos grave o falta”.
b)
Falta de violencia o
intimidación en el hecho podía resultar una barrera infranqueable si se
interpretaba literalmente. Hemos de
pensar que muchas conciliaciones van a surgir precisamente en las peleas entre
menores con consecuencias lesivas leves, constitutivas de falta, de delito de
lesiones atendida la escasa gravedad del resultado producido (art. 147.2 del
Código Penal). No cabe duda de que
se utiliza violencia en la comisión de una falta de lesiones y, sin embargo,
creo que la comisión de la misma debe caer en el ámbito de una posible
conciliación o reparación. De ahí
que la calificación “graves” que utiliza el artículo 19.1 de la ley referida a
la violencia o intimidación utilizada en el hecho proporciona un criterio más
acorde con el fin que se propone regular.
c)
Compromiso del
menor. El menor ha de aceptar el
hecho, mostrar su arrepentimiento y pedir disculpas a la víctima, que debe
aceptarlas, o aceptar la disposición del menor a llevar a cabo la actividad
reparadora de los resultados de la acción.
La aceptación por la víctima, cuando ésta sea menor o incapaz, deberá
hacerse con la aprobación del Juez de Menores (art. 19.6).
Hay que destacar que el órgano encargado de
materializar la conciliación o la reparación es el Equipo Técnico (art. 19.3),
que además podrá proponer que se lleve a cabo la misma (art. 27.3), cuando no
haya sido propuesta por el Fiscal.
El archivo del expediente se producirá una vez se
lleve a cabo el compromiso del menor, o cuando por causas ajenas a su voluntad
no pueda llevarse a efecto. El
Fiscal dictará una resolución dando por concluida la tramitación del expediente
y solicitando del Juez el sobreseimiento y archivo del mismo (art.
19.4).
En el caso de que el menor no cumpla la reparación o
la actividad educativa acordada el Ministerio Fiscal continuará la tramitación
del expediente.
3.
Archivo del expediente a propuesta del equipo
técnico.
Ya hemos dicho antes que la no incoación del
expediente solo es posible cuando nos encontremos ante menores de diecisiete
años, que hayan cometido un hecho constitutivo de delito o falta, siempre que
este delito no sea grave. Pues
bien, si pese a hallarse e menor expedientado en los supuestos regulados en la
ley, el Ministerio Fiscal no pudiera adoptar la resolución de no incoar el
expediente por haber el menor incurrido en la comisión de otros hechos
anteriormente, si el Equipo Técnico estima que el reproche que merece el menor
por el hecho ha sido ya suficientemente expresado, propondrá al Ministerio
Fiscal el archivo del expediente, pudiendo el Fiscal instar del Juez el
sobreseimiento o archivo del mismo, debiendo, en este caso, remitir testimonio
de lo actuado a la entidad pública de protección de menores que corresponda, a
los efectos de que actúe en protección del menor (art. 19.4).[10]
k) Otras garantías del Debido Proceso aplicables en la investigación y juzgamiento de los adolescentes infractores
A manera de
conclusión, además de los principios glosados, igualmente se toma en
consideración las Garantías reconocidas en procesos penales para adultos, como
es el Derecho a guardar silencio, Derecho a no Declarar contra uno mismo, así
como también considerando su edad y su condición de persona en desarrollo. Todas
estas garantías reconocen y permiten afirmar que, acreditada la infracción a la
ley penal y determinada la responsabilidad del adolescente investigado, éste
será pasible de las correspondientes medidas socioeducativas, las que están
orientadas a que el adolescente tome conciencia de la responsabilidad de sus
actos y, en consecuencia, se logre de manera integral su rehabilitación y
conducción hacia su bienestar, tal como lo establece el Código de los Niños y
Adolescentes.
ARTICULO ELABORADO POR CARMEN LUISA MACOLLUNCO LOPEZ FISCAL ADJUNTA PROVINCIAL DE LA 2º FISCALIA PROVINCIAL CIVIL Y DE FAMILIA DE CAÑETE, EGRESADA DEL DOCTORADO EN DERECHO (Cañete 14 de octubre del 2003)
[1] La mayoría de códigos penales latinoamericanos siguen la doctrina y postura político criminal de mantener a los menores de 18 años fuera del ámbito de la justicia penal. En este sentido, la legislación penal brasileña –país en donde la tasa de infracciones a la ley penal por parte de menores de edad es elevada- confiere a los menores de 18 años tratamiento específico, manteniéndolos fuera del sistema penal y carcelario. Esta posición es mantenida por los más afamados nombres de la doctrina brasileña: Nelson Hungría, Heleno Claudio Fragoso, Julio Fabbrini Mirabete, Francisco de Assis Toledo, y muchos otros. Al respecto, Francisco de Assis Toledo observa que, en verdad, los seres humanos, sin excepción, se socializan después de nacer, cumpliendo un proceso de aprendizaje relativamente largo, comparándose con el tiempo de duración de la vida. Y no es extraño que, en el curso de ese proceso se cometan, con cierta naturalidad, actos antisociales y hasta criminales. El no infringir el Código penal en ese período es, como ya se dijo, una cuestión de pura suerte. Prosigue el eminente jurista afirmando vehementemente, que eso justifica el límite de edad consagrado (18 años), pues el menor debe tener realmente un tratamiento especial, mediante legislación especial. Cfr., Massa, Patricia Helena: A Menoridade Penal no Direito Brasileiro. En: Revista Brasileira de Ciencias Criminais, Nº 4, Octubre-Diciembre, Sao Paulo, 1993, p. 131.
[2] La doctrina de la protección integral del menor infractor promueve la retracción de la presencia y actividad estatal en el control social penal. Esto implica el empleo de las sanciones punitivas en los casos límite donde no es posible aplicar una medida distinta de la privativa de libertad. Conforme a esta doctrina –dice Thamara Santos Alvins- la retracción estatal la posibilita la separación del ámbito asistencial del ámbito judicial, el cual, sólo se ocupa de los casos de niños y jóvenes infractores para los cuales se prevé una escala de medidas en las cuales el internamiento se contempla sólo para quienes han cometido ofensas muy graves mientras que para los ofensores medianos y menores hay otras alternativas.
Se exige por el contrario la presencia y desempeño máximo del Estado en la red de asistencia que comprende todos los servicios sanitarios, educativos, recreativos y económicos que posibilite al niño y a la familia garantizar la cobertura de derechos y necesidades elementales. Con esto se elimina el carácter segregador y estigmatizante del tratamiento unitario dado por los tribunales a todos los niños con independencia de la naturaleza y magnitud de sus problemas. El acercamiento necesario a la infancia infractora. En: Capítulo Criminológico, Vol. 23 Nº2, Julio-Diciembre, Maracaibo, 1995, p.366.
[3] La polémica en torno a la mejor política criminal que debe asumir el Estado en el tratamiento de los niños y adolescentes infractores de la ley penal aún no ha culminado. En líneas generales se puede decir que esta polémica doctrinal –que tiene trascendentes consecuencias prácticas- ha oscilado entre dos posiciones extremas: hay quienes a ultranza defienden a los adolescentes y niños infractores con posiciones cuya flexibilidad llega inclusive a negar cualquier responsabilidad en la comisión de ofensas contra bienes e intereses valiosos. Por otro lado, hay quienes al tomar la parte de la sociedad propugnan su defensa demonizando a los adolescentes infractores como una de las fuentes principales del miedo y la inseguridad personal. En este caso, es el rigor de las sanciones que comprenden desde bajar la edad de inimputabilidad hasta la aplicación de severas medidas restrictivas o limitativas de la libertad el que se opone al criterio tutelar y excesivamente paternalista. Santos Alvins, Thamara: Op.cit., p.362.
[4] Gendreau, L.: La police et le jeune delinquante. Montreal, 1965, p.131.
[5] López Hernández, Gerardo: La Defensa del Menor. Editorial Tecnos. Madrid, España, 1987, p.75.
[6] Páez Velandia, Dídimo: Significado y alcance del debido proceso. En: Derecho Penal y Criminología. Revista del Instituto de Ciencias Penales y Criminológicas, Vol. XV, Nº 51, Septiembre- Diciembre, 1993, Universidad Externado de Colombia, Bogotá, 1994, p.135.
[7] En este sentido Sánchez Sandoval, Augusto/ González Vidaurri, Alicia: Proyecto de ley de protección a los menores en México. En: Capítulo Criminológico, Vol. 23, Nº2, Maracaibo, 1995, p.387.
[8] Páez Velandia, Dídimo: Op.cit.,p.142.
[9] Sin embargo, existen excepciones que establece la propia ley, en cuanto al acceso al expediente y es con respecto a los padres, tutores, guardadores y defensores del menor infractor. De otra forma no se podría facilitar el derecho de defensa. En la legislación venezolana el principio de confidencialidad del proceso a los menores infractores está consagrado en los artículos 17, 18 y 19 de la Ley Tutelar de Menores. También en esta legislación se establecen excepciones a la regla de la confidencialidad: pueden tener acceso al expediente los padres, tutores, curadores, guardadores, apoderados, procuradores de menores y los representantes del Instituto Nacional del Menor, o a quien a juicio del Juez demuestre tener interés legítimo en ello, así como también a las instituciones acreditadas que realicen investigaciones con fines científicos. Tudares de Gonzáles, Trina: Garantías Procesales del menor en situación irregular. En: Capítulo Criminológico, Nº 21, Maracaibo, 1993, p. 176.
[10] Huete Pérez, Luis: El procedimiento penal con menores. En: La Responsabilidad penal de los menores. Ediciones de la Universidad de Castilla- La Mancha, Cuenca, 2001, p.53 y ss.