Postulados Básicos para comenzar a dialogar sobre la Justicia

 

 

Roberto G. MacLean U.

Consultor Internacional

Miranda & Amado, Abogados

 

 

Para comenzar un diálogo coherente sobre qué hacer para mejorar el Sistema de Justicia en el Perú, es indispensable dejar atrás ya fórmulas superadas y partir de algunos postulados básicos. Si bien razones obvias de espacio nos impiden un desarrollo mayor para fundamentar en detalle, con datos, cifras, estadísticas, plazos y costos; y a base de experiencias de campo alrededor del mundo, en sistemas de desarrollo político y económico diferentes y en sistemas de tradiciones jurídicas y culturales distintos; en las siguientes líneas intentaremos un esfuerzo para sintetizar estos postulados básicos:

 

1.                  Las leyes, códigos y constituciones –aún las que se elaboran y promulgan siguiendo métodos de eficiencia social modernos, que no se aplican todavía en el Perú- no representan, en el mejor de los casos, ni siquiera el diez por ciento de una reforma de la Justicia;

 

2.                  La labor de un sistema de Justicia eficiente, no es tratar de interpretar y aplicar leyes, sino principalmente es percibir, examinar, analizar, relacionar, comparar, organizar e interpretar adecuadamente, conflictos e intereses  –en el sentido más respetable y honesto de estos términos- y de nada más;

 

3.                  Contrariamente a lo que generalmente se habla y escribe, una reforma se puede expresar y programar, en cifras y números bastante precisos, y a plazos, más o menos exactos.  Los resultados de cada proyecto, es posible presentarlos en menos de media página;

 

4.                  El costo económico de una reforma en serio de la Justicia, es ridículamente menor de lo que calculan los que están fuera del problema, o los que no saben para donde apuntar.  Sin embargo, si hay dinero –aunque no es indispensable- se pueden hacer las cosas mejor y a mayor escala;

 

5.                  Perseguir u ofrecer resultados de cualquier naturaleza, a plazos menores de dos años o dos años y medio, representa: a) ignorancia de la realidad del problema; b) falta de seriedad profesional e intención de manipular expectativas; c) y/o, producir deliberadamente resultados inútiles y efímeros;

 

6.                  Si bien la única meta útil en una reforma es mejorar el servicio al usuario, el centro motor de todo el proceso sólo pueden ser los jueces.  Si los jueces no están “a bordo”, por decirlo de algún modo, ninguna fuerza del universo logrará mover ni diez centímetros cualquier proceso de cambio significativo en la justicia.

 

Si estos cinco puntos no han sido entendidos en toda su claridad, es indispensable volver a fojas cero tantas veces como sea necesario. La reforma del sistema de justicia es un proceso demasiado serio para ser tratado como un tema coyuntural.

 

Quedamos a disposición de los foros profesional, académico, judicial y político en general así como de los medios de comunicación para abundar en mas detalle sobre este tema de gran importancia nacional.

 

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