LIDERAZGO Y EXCELENCIA EN LA
MAGISTRATURA PERUANA: RETOS Y POSIBILIDADES
La
presente ponencia tiene dos partes: en la primera nos referimos al Liderazgo y
la Excelencia en la Magistratura Peruana y, en la segunda, hacemos una
referencia a los Retos y Posibilidades, indicando los aspectos más importantes
que es necesario conquistar en el Poder Judicial; incluyendo una referencia a
la función jurisdiccional en la sociedad peruana y el nuevo papel del
magistrado.
PRIMERA PARTE
LIDERAZGO Y EXCELENCIA EN LA MAGISTRATURA
PERUANA
1.- DEFINICION DE LIDER
Según
el diccionario líder es el conducto; jefe o guía, especialmente jefe de grupo o
de partido político, y en general, de cualquier agrupación o colectividad.
No
existe una tipología de líder a seguir; intentar encasillar a un líder dentro
de una serie de características para imitar su éxito es un terrible error. [1]
La
persona que aspire a ser líder lo primero que tiene que hacer es borrarse para
siempre la idea de que existe una tipología “ideal” para ser líder. Todos los
seres humanos tenemos el potencial suficiente para ser líder; pero también
contamos con las debilidades que pueden impedir serlo, por lo que es imposible
ajustarse a un patrón.
El
líder, lo primero que tiene que hacer es aceptarse tal como es; aceptar por
igual sus potencialidades y sus debilidades.
El
líder de excelencia no se apoya en las debilidades de sus seguidores, se apoya
en sus propias potencialidades. Ahí está el secreto de un gran líder: en que
busca la expresión máxima de cada subordinado y con ella hace una obra maestra.
2.- LIDERAZGO
El
reconocimiento personal es un primer paso en el autoestudio que debemos
emprender si de veras queremos desempeñar un papel o cumplir cualquier
propósito en nuestras vidas. De nada nos serviría ese empeño si no somos
capaces de reconocernos a nosotros mismos.
La
condición de un líder no depende solo de su voluntad. No basta con querer ser
líder para alcanzar a serlo.
El
liderazgo consiste en reunir y combinar una serie de atributos que los demás
puedan reconocer en la conducta que mostramos.
El
liderazgo exige actitudes concretas. No son las actitudes del manejo, ni las de
la manipulación. Ni siquiera las del mando. Son las de la persuasión, o mejor
aún, las de la inspiración. No son líderes los que jalan ni los que empujan.
Mas bien son líderes los que hacen que aquellos con quienes viven o trabajan se sientan naturalmente
invitados a practicar una determinada manera de actuar, a experimentar un
determinado modo de vivir. En otras palabras, quienes contagian una especial
forma de ser. [2]
El
liderazgo no solo se circunscribe al ámbito empresarial, sino también al de
toda nuestra vida; pues, todos tenemos que asumir liderazgo en el trabajo, en
la familia, en la vida diaria, en las emergencias, en distintos grupos de
personas. En un tiempo de crisis, en el que la necesidad nos obliga a crear
nuevos recursos, el liderazgo es indispensable.
El
líder dirige, participa y además inspira a la participación, trabajando en
equipo.
El
líder siempre será un triunfador, gane, empate o pierda.
Los
líderes son seres con un solo contenido existencial, que han creado filosofías
que han transcendido su tiempo y han luchado incansablemente por concretar su
sueño hasta hacerlo realidad. Ahí está el origen de las grandes obras: realizar
acciones concretas hasta convertirlas en costumbres; de ahí han surgido también
las grandes culturas. Como decía Aristóteles: “La excelencia, más que un acto
aislado, es un hábito, un estilo de vida, es una forma de ser”. Los líderes de
excelencia son sencillamente los que marcan la diferencia. [3]
3.- DIFERENCIA ENTRE EL LIDER Y EL
ADMINISTRADOR
La
historia milenaria describe la diferencia entre un líder y un administrador:
a) El
líder toma distancia ante su problema, sale de la rutina y se concentra en el
futuro. Ve el todo. Sueña y traza una visión hacía la cual dirigir a su
personal.
El
administrador se internaliza en su problema, continúa en su rutina y no ve el
futuro.
b) El
líder desordena, es creativo, rompe lo establecido, cambia reglas, normas y
formas tradicionales de hacer las cosas.
El
administrador genera orden, estructura y mejora la organización y establece sus
procesos, políticas y normas.
c) El
líder disfruta el riesgo de alcanzar sus metas, llevando a su organización a nuevos
niveles competitivos.
El
administrador se asegura de dar sus pasos con firmeza.
d) El
líder produce cambios en las organizaciones que conduce.
El
administrador mejora y ordena lo existente.[4]
e) El
líder es para la organización como una brújula: marca permanentemente la
verdadera dirección hacia la cual dirigirse.
El
administrador, en cambio es como un mapa: tiene todos los detalles y la
información para trazar una dirección; pero si el territorio cambia, se
paraliza.
Si
una entidad solamente tiene líderes, posiblemente tenga muchos proyectos de
cambio e ideas innovadoras; pero no podrá ponerlas en práctica con eficiencia,
y se generará el caos.
Si
una entidad tiene solamente administradores, se convertirá en un ordenado
fracaso, muy estructurada y mejorada.
Por
ello, toda organización tiene que contar con los dos estilos profesionales a su
vez; es decir, tiene que contar con líderes y administradores.
4.- LA CREATIVIDAD: EL PRIMER PASO DEL
LIDERAZGO
El
primer paso para ser un líder es romper lo establecido, cambiar e innovar la
forma en que hacemos las cosas; pero romper lo establecido no es fácil; no sólo
por los hábitos, sino también por nuestra percepción. La percepción humana
barre el mundo y trata de ubicar lo que ve en esquemas previamente conocidos. [5]
La
percepción nos ancla a esquemas conocidos en la mente y nos dificulta ser
flexibles para crear y para romper esquemas, hay que romper los propios
hábitos; hay que cuestionar las propias funciones; cuestionar los propios
servicios; sólo de esta manera se acostumbrará a romper lo establecido y no
tendrá barreras para crear.
5.- LA FORMACION DEL LIDER.
Para
formar líderes, es necesario romper la metodología de la enseñanza tradicional,
que a decir de Paulo Freire, tiene una concepción bancaria de la educación, es
decir, que el profesor deposita la información teórica en la mente del alumno y
le pide que repita lo que él ha manifestado, ni más, ni menos; sino exactamente
lo que ha dicho.
Para
formar líderes se requiere otro tipo de metodología que reemplace hábitos
anticuados de dirección, por conductas modernas, basadas en la reflexión, la
participación, el diálogo y porque no con la crítica constructiva dentro de un
ambiente democrático, en donde la interrelación entre educador y educando sea horizontal
y no vertical, teniendo en cuenta que la mejor forma de enseñar liderazgo es
con el ejemplo.
Hoy
día las entidades necesita personas que cuestionen, que no acepten las
directivas como órdenes, que analicen y que tengan la capacidad de discrepar. Que
tengan la valentía y la integridad de vivir sobre la base de lo que piensan que
es correcto. Personas que salgan del negocio de buscar la aprobación del jefe y
pasen al negocio de servir al justiciable.
6.- CARACTERISTICAS DEL LIDER.
Un
líder debe tener ciertas características:
a) Tiene
que ser capaz de convencer y organizar a la gente.
b) Tiene
que ser capaz de corregir sus contradicciones y la ineficiencia.
c) Debe
saber como canalizar la energía del grupo en beneficio de su prosperidad y
desarrollo.
d) Debe
tener un sentido total de su misión y de su sacrificio por ella. Tiene que
tener ambos sentidos: el de la misión y el de sacrificio por el bien común. [6]
7.- DIFERENCIA ENTRE LIDERAZGO Y
DICTADURA
No
se debe confundir el liderazgo con la dictadura.
En
una etapa democrática como la que vivimos, tenemos una necesidad mayor de un
auténtico liderazgo alentado por el consenso popular; de manera que el grupo
debe tener una conciencia social madura a fin de que el liderazgo pueda echar
raíces.
El
líder es respetado cuando realmente se dedica a su función de liderazgo y
dirige al grupo con verdadero sentido de su misión, un sentido de sacrificio e
imbuido de valores sólidos.
La
gente obedece a los dictadores porque les teme, no porque los respete; por lo
que no hay que confundir el poder dictatorial con el liderazgo.
Quienes
aspiran a ser verdaderos líderes sociales se armarán de las dotes del liderazgo
dinámico, de un claro sentido de misión y sacrificio, y de la determinación de
vivir una vida creativa y productiva.
8.- LIDERAZGO DE EXCELENCIA
Como
dice Miguel Angel Cornejo, en su obra Todos los Secretos de la Excelencia “La
mediocridad debería ser declarada enemiga nacional” (p. 70), pues es uno de los
factores que llevan a la crisis ecológica, económica, política y social.
La
decisión de ser excelente es una determinación personal; no se logra por
memorándum o decreto. Es una decisión de autodirección. Es el deseo de
convertirnos en lo que queremos ser. Es también una auténtica responsabilidad
de nuestros gobernantes y en especial de nuestras autoridades educativas,
públicas y privadas, que deben buscar crear una nueva generación con ambición
de lograr la excelencia personal.
Para
que pueda haber un líder de excelencia deberán darse las circunstancias favorables,
es decir, que se conjuguen las necesidades de la comunidad y las inquietudes de
cambio.
Requiere
que ese líder tenga una escala de valores de orden superior, como la verdad, la
justicia, la ética y, además, viva su compromiso congruentemente, dispuesto, si
es necesario, a morir por defender su valores; plasmando una filosofía de la
excelencia, que aún cuando él ya no esté al frente de la organización, haya
consolidado de tal forma su pensamiento que perdura a través del tiempo y el
espacio, para cuyo efecto se requiere de convencimiento, calidad y compromiso.
SEGUNDA PARTE
RETOS Y POSIBILIDADES
Consideramos
que la problemática del Poder Judicial es bastante amplia en los diferentes
aspectos referidos a las garantías constitucionales de la administración de
justicia; el nombramiento de magistrados, la formación y capacitación de los
mismos, así como los referidos a la infraestructura inmobiliaria, mobiliaria e
informática, de los cuales solamente enunciaremos los principales:
1.- AUTONOMIA DEL PODER JUDICIAL
La
autonomía del Poder Judicial, significa que este poder, debe ser autónomo e
independiente de los otros poderes del Estado, llamados “Poderes Políticos” que
emanan de la voluntad popular; puesto que su función de administrar justicia lo
hace por mandato constitucional, a nombre de la nación y el nombramiento de los
magistrados emana de un órgano constitucional autónomo, como es el Consejo
Nacional de la Magistratura.
La
autonomía del Poder Judicial, pasa necesariamente por el hecho de que es necesario
asignarle un presupuesto adecuado para satisfacer sus requerimientos, tanto de
bienes y servicios, para el logro de su delicada función de resolver los
conflictos de interés de la colectividad; así como la resocialización de los
condenados, y de servir de equilibrio entre todos los poderes del Estado.
El
presupuesto del Poder Judicial, tiene que ser formulado y manejado, por el
propio Poder Judicial; naturalmente siempre sometido a los controles y
supervisiones de las entidades correspondientes, que le permita cumplir con los
requerimientos básicos, a fin de que la justicia sea capaz, proba, honesta y
confiable, que revierta la imagen del Poder Judicial y sea socialmente
legitimada.
2.- INDEPENDENCIA DEL JUEZ
La
independencia significa que los jueces, en el ejercicio de la potestad
jurisdiccional y en el cumplimiento de su función, están sometidos única y
exclusivamente a la Ley.
Por
tanto, en la decisión jurisdiccional del juez, no debe haber interferencia
interna ni externa, mucho menos subalterna; puesto que el juez aplica la ley al
hecho concreto, interpretándolo, aplicando su criterio jurisdiccional y su
criterio de conciencia, en los casos que la ley lo establece.
3.- NOMBRAMIENTO DE LOS MAGISTRADOS
Como
deba ser la carrera judicial, es una cuestión que depende en último análisis,
del lugar y las características que se adscriba a la función jurisdiccional al
interior del sistema político y legal, en una democracia y en un estado de
derecho. [7]
El
tema, del cual sea el mejor sistema de nombramiento de los jueces, es un típico
dilema de política pública; en el que, estando de acuerdo con el sistema de
nombramiento de los jueces por el Consejo Nacional de la Magistratura,
consideramos que es necesario revisar el sistema de ratificación de los mismos,
a fin de garantizar su independencia y su estabilidad, así como la
predecibilidad de sus decisiones frente a la comunidad.
4.- FORMACION DE LOS MAGISTRADOS
Los
jueces deben ser formados desde las aulas universitarias, diseñándose al
magistrado que requiere nuestro país, para cuyo efecto la enseñanza del
Derecho, debe incidir en el conocimiento de las fuentes del Derecho, en el
manejo de los métodos de interpretación y en la valoración ética, como base de
toda la formación universitaria en coordinación con la Academia de la
Magistratura, introduciendo en el Currículo de Estudios el curso de
Introducción al Derecho Judicial. [8]
5.- LA DESCENTRALIZACION DE LA ADMINISTRACION
DE JUSTICIA
La
administración de justicia, en una democracia y un Estado de Derecho, debe
descentralizarse, de tal manera que sean las Cortes Superiores de la República,
quienes manejen su propio presupuesto, a fin de fortalecer su identidad, perfil
y personalidad, debiéndose instalar en las Cortes Superiores de Justicia, que
tengan seis o más Salas, los Consejos Ejecutivos Distritales del Poder
Judicial, conforme lo establece la Ley Orgánica del Poder Judicial, a fin de
dar participación a los abogados y otros sectores de la sociedad civil.
6.- LA FUNCION JURISDICCIONAL EN LA SOCIEDAD
PERUANA Y EL NUEVO PAPEL DEL MAGISTRADO
Es de advertirse, que en cada etapa de cambio
gubernamental se propone el fortalecimiento y credibilidad del Poder Judicial,
no obstante a ello, se tiene que la imagen del Poder Judicial se ha
deteriorado. Existe desde ya, una lucha constante para recuperar la
credibilidad de la ciudadanía, pero hay que reconocer que es una tarea difícil.
Esta tarea corresponde a todos los que participan directa o indirectamente en
la labor jurisdiccional, es decir los Jueces, el personal auxiliar
jurisdiccional y administrativo, así como los órganos de auxilio judicial, los
señores abogados, porque ellos también pueden ser jueces en cualquier momento,
los justiciables y la comunidad toda, entre los cuales destaca la figura del Magistrado
por su condición de soporte principal de la Institución.
Al Juez de hoy, se le impone responsabilidades que
van más allá de la administración de justicia mediante la expedición de un
fallo judicial conforme a derechos y criterios de conciencia. El magistrado ha
dejado de ser una persona común para adquirir un status especial, que no
siempre lo enaltece. Es un sujeto pasivo de todo tipo de responsabilidades
(jurisdiccionales, administrativas, funcionales e incluso institucionales),
siendo la más grande la del prestigio del Poder Judicial que, debiendo ser la más fuerte e invulnerable, resulta
ser ante la opinión pública una función estatal aún no confiable.
En el contexto actual, la función jurisdiccional se
ejerce brindando un servicio y como tal hay que considerarlo para buscar en él,
calidad, eficacia y eficiencia. Por eso, es imperativo contar con las
condiciones necesaria para desarrollar dicha función. El servicio tendiente a
la eficiencia por parte de los jueces y el respectivo personal auxiliar
jurisdiccional y administrativo, se brinda desde los órganos jurisdiccionales,
pero la función no termina allí.
Los valores éticos y morales subyacen al ejercicio
de la función jurisdiccional. La debilidad de un juez o de un auxiliar
jurisdiccional comprometen a toda la entidad. La dignidad y decoro del juez es
lo más valioso que tiene que protegerse y respetarse. Esta exigencia alcanza a
los abogados, quienes tienen el deber de actuar con ética y profesionalismo,
sin olvidar que les corresponde contribuir con los jueces en la recta
administración de justicia.
Un Juez debe ser imparcial, idóneo y probo, ya que
sabido es, que el servicio de administración de justicia se brinda por vocación
de servir. Lo afirmado, no exime al Magistrado de tener derecho a una
remuneración acorde con su responsabilidad y la trascendencia de tal alta
función, alcanzando este derecho al personal auxiliar jurisdiccional y
administrativo, quienes desarrollan su vocación a la judicatura mediante su
tarea diaria.
El Dr. Juan Monroy Gálvez, señala que “Ser Juez en
el Perú al igual que ser profesor o médico al servicio del Estado- es un
apostolado; exige seres con valor y sin precio. Está vedado el ingreso a
aquellas personas cuyo hambre sea mayor que su dignidad” en “Quiero ser Juez”
del Libro “Para mi otro corazón”. [9]
Al dignificarse la función
jurisdiccional y reconocerse como elemento fundamental la vocación de servicio,
podemos lograr que la entrega a la carrera judicial y llegar a ser juez,
significa que es la máxima aspiración que pueda tener un profesional en
Derecho.
Se requiere en todo el país
un real compromiso político para recuperar la credibilidad en el Poder Judicial
dentro del sistema de justicia. El compromiso ya se extiende al ámbito
internacional, con el objeto de lograr el fortalecimiento de este Poder del
Estado. Es por ello, que consideramos, que para contar con un Poder Judicial
fuerte y creíble, no puede ser una tarea que sólo se le atribuya al Magistrado.
[1] CORNEJO, Miguel Angel. Todos los secretos de
la excelencia. Serie Mayor. Grijalbo. México, 1995. p. 37
[2]
BUSTAMANTE BELAUNDE, Luis. Rector
de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas (UPC). Presentación de libro
Espejo de un Líder de David Fischman.
[3]
CORNEJO, Miguel Angel. Idem. p. 248.
[4] KOTTER, John
P. Leading Change. Massachusetts: Harvard Business School Press. 1996.
Citado por David Fischman. El Espejo del Líder. p. 200.
[5]
FISCHMAN, David. El Camino del
Líder. UPC. El Comercio, Lima, Enero del 2000. P. 70.
[6] WOO-CHOONG,
Kim. El mundo es tuyo pero tienes que ganártelo. Grupo Editorial
Iberoamericana. 2da. edición, México, 1999. P. 92.
[7]
MIRANDA CANALES, Manuel. ¿Es adecuado
el sistema de nombramiento de magistrados en el Perú?. Tesis Maestría en
Derecho. Pontificia Universidad Católica del Perú. p. 60
[8]
Primer Encuentro de Facultades de
Derecho. Arequipa, Setiembre 1997. Consejo de Coordinación Judicial. p. 86-87.
[9] GUERRA CERRON, J. María Elena. La Función
Jurisdiccional en la Sociedad Peruana. El Peruano. 27 de Noviembre 2001. p. 28.