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DISCURSO DE ORDEN DEL SEÑOR PRESIDENTE DEL CONSEJO DIRECTIVO DE LA ACADEMIA DE LA MAGISTRATURA Y FISCAL SUPREMO TITULAR, DR. PEDRO GONZALO CHÁVARRY VALLEJOS, AL CONMEMORARSE EL 23° ANIVERSARIO INSTITUCIONAL

Damas y caballeros, distinguidos invitados, muy buenas noches.

 

Hace 23 años, la Academia de la Magistratura abrió sus puertas con el propósito de cumplir lo que la Constitución de 1993 le encomendaba: encargarse de la formación y capacitación de los jueces y fiscales, en todos sus niveles. De esta forma, la Academia se convertía en ese aliado estratégico del sistema judicial que busca el mejoramiento constante de los procesos de modernización de la justicia peruana.

 

En estos años, la Academia ha sufrido múltiples transformaciones, buscando adaptarse en todo momento a los avances tecnológicos que constituyen el signo distintivo de nuestros tiempos. Qué duda cabe que los fenómenos sociales de esta época se encuentran altamente condicionados por el uso de los recursos informáticos, los sistemas automatizados y el predominio de la electrónica como parte de los esfuerzos de modernización.

 

Es así que todo ello ha sido asimilado a los procesos de justicia y a la capacitación que brinda la Academia. Por ejemplo, tenemos el aula virtual, las plataformas de los cursos a distancia, el sistema automatizado de emisión de certificados, las inscripciones web, los cursos en línea y otra serie de recursos de componente informático que han dotado de mejor cobertura y efectividad al trabajo académico institucional. De este modo, los modelos de formación de adultos con los que nos iniciamos son totalmente distintos a los que hoy ofrecemos.

 

El Consejo Directivo que me honro en presidir asumió el compromiso de dar continuidad a las políticas iniciadas por nuestros predecesores, estableciendo cuatro grandes líneas matrices sobre las cuales venimos desarrollando nuestro trabajo institucional: la descentralización, la capacitación diferenciada, la excelencia académica y la ampliación de la cobertura de actividades académicas.

 

La Academia de la Magistratura ha dado en los últimos meses un paso significativo en el proceso de fortalecimiento de descentralización al ampliar el número de sus sedes desconcentradas. De cuatro que había inicialmente, ahora se cuenta con once: Cusco, Arequipa, Lambayeque, La Libertad, Cajamarca, Piura, Puno, Loreto, Ucayali, El Santa y Huánuco.

 

Ello ha permitido que la presencia de la Academia se vea reforzada a nivel nacional, mejorando el desarrollo de nuestras actividades y,

sobre todo, evitando el traslado de los magistrados y discentes de una ciudad a otra para los cursos de capacitación y formación. Esta descentralización del conocimiento jurídico permitirá, asimismo, unificar los esfuerzos en la implementación de políticas de capacitación acorde con las exigencias del servicio de justicia en cada provincia.

 

En materia de capacitación diferenciada, en la Academia optamos por establecer espacios distintos en la formación de magistrados, es decir, en principio, entre jueces y fiscales y, complementariamente, por orden jerárquico, dentro de cada línea de carrera. A todo ello, debemos agregar las especialidades y subespecialidades que constituyen una característica de la justicia moderna y cualificada.

 

Por otro lado, en cuanto a la excelencia académica, la Academia ha establecido como un horizonte permanente la búsqueda de profesores, nacionales y extranjeros, de alto nivel académico, como los que nos acompañan hoy en esta actividad de aniversario. Esta excelencia se constituye en un objetivo, en el fondo y en la forma, siendo la herramienta que distingue el trabajo singular y especializado en nuestra institución.

 

Respecto de la ampliación de la cobertura de nuestras actividades académicas, hemos multiplicado el número de nuestros discentes en diversas zonas del país. Hoy contamos, por ejemplo, con dos cursos del Programa de Formación Académica en el año (2017-I y 2017-II. Por su parte, en lo que se refiere al ascenso, se ha procurado cubrir

a la mayor parte de magistrados que cuentan con los requisitos para postular al cargo superior.

 

Hoy, en este 23° aniversario, es necesario reflexionar ampliamente sobre la importante responsabilidad que ha depositado el orden constitucional en manos de los operadores de justicia. Si revisamos los medios de comunicación, podremos verificar que el principal proveedor de noticias es el sistema de justicia. La cultura litigiosa y la judicialización de los conflictos han sobresaturado nuestra realidad y, frente a ello, la respuesta del sistema judicial debe ser alturada y ponderada, buscando en todo momento restaurar la paz social que nuestra nación merece.

 

En este contexto, somos conscientes del papel que cumple la Academia de la Magistratura al actuar como fuente permanente de ilustración y de renovación académica de los magistrados peruanos, así como de los auxiliares de justicia y los aspirantes a cargos de jueces y fiscales, quienes deben encontrarse en constante proceso de formación y capacitación, siguiendo al día el desarrollo más actual del Derecho en su forma técnica, doctrinaria y práctica, proceso que debe estar unido, también, a un conjunto de valores que hagan insurgir el corazón del quehacer de la justicia en nuestra sociedad.

 

No puede haber justicia si solamente se aplica el tecnicismo legal en la labor judicial. La administración de justicia implica, además, el rescate del sentido semántico-ontológico del término “justicia”. Ante

ella, nos encontramos frente a un valor y los valores no se pueden aplicar simple y llanamente en normas que emanen de las directrices de las instituciones como el Congreso de la República o de cualquier otra institución del Estado. Los valores se viven y, por ende, la justicia debe vivirse, también. Y para vivir la justicia, uno debe ser formado e internalizado en ella. He ahí la finalidad del trabajo de la Academia de la Magistratura.

 

Este asunto, pues, va mucho más allá de las leyes, por lo cual la Academia de la Magistratura se convierte en el alma moral del Sistema de Administración de Justicia del Perú y depende de ella que el servicio que se brinda en el Poder Judicial y en el Ministerio Público no solamente sea de calidad, si no, esencialmente, se brinde en un sentido axiológico pleno de justicia.

 

Cicerón señalaba: “La justicia no espera ningún premio. Se la acepta por ella misma”. En tal sentido, cuando vayamos a dormir todas las noches, debemos sentir la satisfacción de haber hecho justicia y haber contribuido a la importante misión y responsabilidad que el Estado ha depositado en nuestras manos, siempre en una perspectiva de desarrollo y engrandecimiento de nuestro país.

 

Tomemos estas palabras, entonces, como el acicate que nos ayude a orientar nuestras conductas en el horizonte que nos permita trascender en la historia y como personas al servicio del país.

 

Con esta reflexión, quiero expresar mi agradecimiento a todas las altas autoridades del Estado que nos vienen acompañando en este aniversario, de manera muy especial a los que integran el Acuerdo Nacional por la Justicia, instancia en la cual estamos depositando nuestras expectativas de presente y futuro del sistema judicial, entendiéndolo desde una visión sistémica y una herramienta al servicio de las personas.

 

Asimismo, expresamos nuestro homenaje a la Patria en este su mes jubilar. Desde la Academia de la Magistratura, nos comprometemos a entregar nuestro mayor esfuerzo para lograr el desarrollo y los más caros anhelos del propósito nacional.

 

Muchas gracias

Lima, 20 de julio de 2017